Hoy todo fué del mismo color; no me afeité, me quede media hora en la ducha y llegué tarde a Sociología. Y sin ganas de nada caminaba por la U. Hablé con la Paola, una amiga de la Gely y con mucha lata le conté todo. También quedó un poco pa la cagá.
Cambia la cara poh Pablo -me dijo como si nada hubiera pasado.
No, nicagando, gracias -le dije, y me fuí.
No aguanté ni quince minutos en la ayudantía y me fuí al Gimnasio.
Nunca levanté tanto peso y con tanta rabia; no sé porque... si no tenía rabia por nada.
Llegué tarde a matemática y no miraba a nadie. Y pasó el tiempo, almorcé con la misma cara de ayer cuando tomaba la 403 en Macúl con Irarrázabal y seguí con Ciencia Política con el mismo ánimo de mierda.
Llegué a mi casa y no pude estudiar. Aló, ¿Andrea?, ¿cómo estai?, yo mal, ¿me podís ayudar en algo?, ¿Tenís tiempo?, dale voy para tu casa.
Me sentía vacío todavía. Le expliqué todo y quedó pa la cagá también.
Pablo, o es Blanco o Negro -me dijo con la Shio.
Hoy como nunca sentí esa hueá que, a pesar de todo, no se compra con mastercard: la amistad. Fué extraño porque en el momento que necesitaba estuvieron ahí. Nunca había sentido eso.
Me llamo mi polola llorando y fuí a su casa.
Y quedamos pseudo-bien. No quiero perder la confianza entre las personas. Pienso que cada vez que uno temirna algo, queda con una experiencia, ya sea buena o mala para el futuro. Por ejemplo si la Caro me hubiera cagado con algún hueón, con la Gely hubiera estado mucho más paco.
No te quiero ver llorar, pero las acciones valen más que mil palabras.
lunes, 1 de junio de 2009
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