viernes, 26 de junio de 2009

Código Sigma

Tengo algo con el metro, es una volá rara. Si hasta me sé algunos códigos del metro. Por ejemplo K-1 o K-2 es freno de emergencia, A-1 es Jefe de Estación, Gamma es para llamar a los Guardias fosforecentes, X-11 para los azules.

Desde hace dos días que me vengo subiendo a los bagones azules antiguos con olor a quemado. Pero hoy fue extraño.

Abrí mi cuaderno de matemática y empezaba a escribir numeros como enfermo cuando llego a Metro Universidad de Chile y antes de que se detuviera el tren se sintió un sonido de algo que tropesaba con el bagón. Se abrieron las puertas, se apagó la luz y nos hicieron evacuar.
Me preocupé un poco y fui al principio del andén. Mientras caminaba una mujer trotaba con su polera que decía "paramédico"; a mí me decía mucho. Nos obligaron a salir del andén, mientras el chofer sacaba el teléfono de emergencia que nunca se ocupa y hablaba desesperado.
Salí del metro pero podía ver el bagón desde un tercer piso. Me apoyé en la baranda y miré abajo con cinco auxiliares más. Y entre las ruedas del bagón ví una chaqueta blanca con negro.

Pero mira, esa cosa de abajo, la ves? -le preguntaba a una secretaria que adornaba la escena.

Si, hay algo ahí, no puede ser una falla técnica.

¿A dónde? no se ve nada... la imaginación que tienen ustedes, si hace rato que el tren sonaba raro -nos respondía una auxiliar con cara de indiferencia.

Me quedé helado.

Pasó un minuto y de abajo gritaba un pelado: ¡Sáquenme a todos esos de ahí!. Nos apuntaba.

Me tuve que ir y cerraron la estación.

miércoles, 24 de junio de 2009

¡Detrás de la linea amarilla porfavor!


Me acuerdo el primer día que abrieron la linea 4 del Metro. ¡Si hasta olor a Parque Arauco se sentía! y las minas de las boleterías hablablan como aeropueto. Sería la primera y última vez.

Ahora a pesar de todo el huebeo diario estoy acostumbrado.

Acostumbrado a sentir el olor del metro en la mañana tipo ocho, con olor a colonia flaño, crema lechuga y pelo mojado, con el mismo ranking de goles de hace dos semanas por Metro TV. Y llego a Tobalaba, sumándome a la carrera por llegar al ascensor. Piola... entro en el bagón antiguo azul-cuadrado con olor a quemado y llego a los Héroes.
De vuelta es cuático. Tipo seis y media se siente el olor a piel y esa pregunta tan indirecta que me apesta.

¿Baja? -te preguntan con una cara de "si me decís que sí, correte"

Yo les digo que no y no me muevo. Pero después te empujan como si ya hubieran cumplido con su misión de ciudadano educado preguntando amablemente.

Para que decir de las Viejas Michael Jackson que salen a lucir la habilidad justo cuando se van a cerrar las puertas o el metro está lleno dando espalda al bagón y caminando hacia atrás empujando toda la lata de sardinas.

Hace poco me acostumbré, y me dio lata a aceptarlo, a las estatuas-velocez de Tobalaba. La mayoría son señoras de edad con bolsas de multitiendas o trabajadores shorizos que hacen gala de su habilidad para correr desde la Linea 1 hasta la 4 y poner sus pies en la linea amarrilla al borde del andén. Pero todo no queda ahí: mágicamente, justo cuando llega el bagón y se abren las puertas, los que alcanzaron a quedar en la linea amarilla corren a un asiento y se quedan dormidos, el resto de las estatuas-velocez quedan inmóviles en la linea amarilla. Nadie los mueve. Quieren esperar el otro bagón para sentarse. Y así esa plaga dura hasta la noche.

Yo los empujo.

Hace una semana me pasó eso y sin ver a quién empujaba recibí un saludo para mi mamá.

Pide permiso conchetumadre... sí, a vó te hablo hueón -me dijo un trabajador con mochila Lider.

No te digo más hueás porque hay señoras ahueonao...(las señoras no se movían, estaban en proceso de estatuización) quedate ahí nomás hueón -me decía, con los ojos abiertos y serio.

Me reí, me puse en frente de él y lo miré fijo con cara de a punto de pegarle un puñetazo en la cara. Obvio que no lo hice. Bajó la mirada con la misma cara de antes y se volvió una estatua.

Y así pasa de todo, mechones de pelos que caminan en los pasillos del tres, las viejas con bolsas de feria y los nerds universitarios hablando hueás raras.

Yo apoyo mi espalda en las puertas que no se abren, algunas veces leyendo, otras veces conversando con alguien que me acompaña, pero siempre mirando las hueás locas del metro.

domingo, 21 de junio de 2009

Flash days

El findesemana se mezcló todo.

Empecé el viernes cuando no pesqué al hueón del tiempo y me fuí con el sweater negro a la U.

Mala volá. Llovería cuáticamente más tarde.

Igual fuí al centro y le compré el pack de Diavolo de Antonio Banderas a mi viejo mientras cantaba concentradamente "Fix You" y "Love Hurts" para el café concert que venía más tarde.

Llegué a mi casa y me detuve a ver el show de los deudores habitacionales.

Me fuí bala donde mi polola y saludé a mi suegra que tosía con una cara de haberse levantado hace un minuto. Después me dirían que le llegó la porcina.

Y llegué al Campino. Once y media y tocabamos esas canciones que poco nos importaban que escucharan el público.

Te amo.

Desperté con lluvia y cagado de sueño. Leí Relaciones Internacionales, como Estados Unidos y la URSS y la ONU y el Sueño le ganaba a todas esas hojas.

Me duché y me fuí al cumpleaños de un compañero de colegio.

Otra hueá la casa. Otra hueá el copete. Otra hueá La Dehesa.

Me desperté en un sofá y el Maruco ya de pie.

Y caminé respirando el aire de domingo en la mañana después de un carrete; entre humedad, cigarro y mal aliento.

¡Feliz día Papá!

Sentí el olor del perfume que había comprado y comí un pedazo de torta que hizo mi vieja.

Seguí durmiendo.

Teleserie Familiar

Mamá, cambia la tele oh, siempre con tus teleseries pencas -le decía, apretando el cero y el siete en el control.

Pablo, me preocupa la Mary, ¿sabís lo que le pasa?, anda como rara -me preguntaba con cara de mamá seria.

No, no sé.

Es que hasta anda pálida asi como si estuviera embarazá -me respondía hablando más bajo.

Dale con la cuestión; ¿viteh? las teleresries te tienen mal... en las teleseries pasan esas hueás de la hija embarazá y el hueón que va a comprar cigarros.

¡Pero si todavía no le llega Pablo!

Me quedé callado.

lunes, 15 de junio de 2009

El Reloj con Alas

"¡Si el tiempo pasa volando!" era lo que más se repetía en las cartas que le mandaba la Lolo, mi tía de Bélgica, a mi vieja. Yo me imaginaba un reloj con alas.

Hoy me parece familiar. Hablo más como mi papá, reto más a mi hermano, leo más el diario y veo a veces Tolerancia Cero. Es que ahora cambié la farándula y las páginas triple X, por la política y la vida de pendejo grande para comprender este mundo individual.

Es raro, me pasa seguido que el tiempo pasa volando. Escribo las cosas que hago en mi agenda y aprendo a ordenar el mercurio de mi abuelo.

Ayer no le canté cumpleaños feliz. Estaba todo; mi abuelo sentado en la silla de ruedas, las velas, mi familia y la torta. Pero quise guardar silencio y dejar en "guardar como" ese momento kodak. Mi Tía ya más despejada por su separación y su nuevo "amigo" que es más bien amigo con ventaja, me dijo que sacara una foto. Pero no quería foto. Lo cambié a modo video y empecé a grabar.

Me dió esa cosa que te pasa cuando pasa algo raro, esa mezcla de bigtime con alka en el pecho que se siente más de alguna vez. Y veía como se guardaba todo el recuerdo.

El recuerdo de lo que sería el último cumpleaños de mi abuelo.

Ando medio hueón pa escribir.

sábado, 13 de junio de 2009

Volví al pasado en la mañana.

Estábamos en el Metro Moneda y no sabía lo que hacíamos ahí. Era un grupo piola, como de ocho personas, había frío normal, como el del centro al mediodía de invierno... ni tanto ni poco.
Quería llegar a mi casa luego pero nadie se quería mover. Y a alguien que no me acuerdo (solo sabía que era alguien conocido) nos dijo que podíamos llegar al toque a nuestras casas.
Nos tomamos de las manos, en círculo, cerramos los ojos. Ahi me pareció extraño, no iba a resultar la hueá. Y de a poco me empezaba a desmayar, pero de pronto llegué a la normalidad. Si, normalidad porque estaba todo como antes, el día, el lugar, y los hueones tomados de la mano.

Lo volvimos a hacer, y cuando cerré los ojos veía como se iluminaba algo afuera, como cuando se ve el sol los ojos cerrados. Me desmayé y desperté.
Seguía en el mismo lugar, pero era de noche. Un vagabundo trataba de equilibrarse y alguien me agarraba del polerón.

Quedé helado, era mi hermano. Mi hermano con seis años y su chaleco verde.
Apareció mi hermana con doce años y mi vieja con menos arrugas. Y bajamos al metro.

Seba, ¿todavía no se hace la linea cuatro?.

No -me respondió con su voz de pendejo que se las sabe todas.

Mamá, ¿en qué año estamos? -le pregunté indiferentemente.

Dos mil dos poh Pablo -me decía, como si la respuesta fuera casi tan estúpida como preguntar mi nombre.

Mamá, vengo del futuro, lo único que te puedo decir es que no debo estar aquí. No te puedo contar lo que viene porque haría alterar el tiempo... lo único que te puedo decir es que no puedo estar aquí.

No me respondió.

Quedé helado. No sé que pasó pero llegué al colegio, al Hall y le dije al Victoco, el recepcionista:

Vitoco, no me la vas a creer, pero yo no puedo estar aquí, vengo del futuro.

No me la creyó.

Fui a coordinación y le pedí el celular a Franklin. Todavía conservaba mi celular con teléfonos varios. Llamé a la casa de la Andrea.

Aló Andrea, me pasó una hueá cuática, necesito que me ayudes porque estabas ayer conmigo en el metro Moneda cuando pasó eso raro.
Disculpa, no te entiendo -me dijo, mientras como respuesta sonaba ese tut-tut cuando no quieren seguir hablando contigo.

Fui a su casa igual. Estaba con la Ale, pero no las pude ver. Cuando llegaba donde estaba la reja de entrada mi cabeza se apretaba, se comprimía, me dolía mucho. Me desmayé.

Estaba en mi casa. Lo único que pregunté a alguien que no me acuerdo era en qué año estábamos.

Dos mil seis.

Y con la desesperación desperté, tranquilizandome porque eran las nueve de la mañana, mi celular me avisaba que tenía que ir al gimnasio y hoy era sábado, 13 de Junio de 2009.

viernes, 12 de junio de 2009

Cuenta Regresiva y volás ovninciales

Puta que te alegra el día una buena nota.
Con un seis cinco en Sociología terminé la prueba que tenía en ese momento y me fuí al cine con mi polola, el Jean y su novia.

Y tenía un ensayo para filosofía mañana, pero no me importaba.

Empezó la película. Hablaba de una niña que hace cincuenta años, escribe en una serie de números donde pronosticaba los sucesos que iban a pasar en el futuro. nada tan trágico hasta que un niñito después de cincuenta años se encuentra con ese papel y su padre astrofísico le da la volaíta de saber qué chucha está pasando.

¡Al final se acababa el mundo! Y el protegonista muere porque no era elegido para que se lo llevaran unos hueones extraños.
Aunque no me sorprendió mucho lo estético me acordaba un día que hablaba en Algarrobo con unos amigos sobre el fin del mundo; les contaba que tenía la teoría de que los ovnis somos nosotros.

Por ejemplo mañana se crea una máquina del tiempo donde podemos volver al pasado y esa máquina no puede intervenir en el pasado, por eso permanece en el cielo y se aparece en lugares concurridos o sucesos que marcan la historia.

Me voy a acostar mejor.

Hablo hueás.

lunes, 1 de junio de 2009

Quinto Día

Hoy todo fué del mismo color; no me afeité, me quede media hora en la ducha y llegué tarde a Sociología. Y sin ganas de nada caminaba por la U. Hablé con la Paola, una amiga de la Gely y con mucha lata le conté todo. También quedó un poco pa la cagá.

Cambia la cara poh Pablo -me dijo como si nada hubiera pasado.

No, nicagando, gracias -le dije, y me fuí.

No aguanté ni quince minutos en la ayudantía y me fuí al Gimnasio.

Nunca levanté tanto peso y con tanta rabia; no sé porque... si no tenía rabia por nada.

Llegué tarde a matemática y no miraba a nadie. Y pasó el tiempo, almorcé con la misma cara de ayer cuando tomaba la 403 en Macúl con Irarrázabal y seguí con Ciencia Política con el mismo ánimo de mierda.

Llegué a mi casa y no pude estudiar. Aló, ¿Andrea?, ¿cómo estai?, yo mal, ¿me podís ayudar en algo?, ¿Tenís tiempo?, dale voy para tu casa.

Me sentía vacío todavía. Le expliqué todo y quedó pa la cagá también.

Pablo, o es Blanco o Negro -me dijo con la Shio.

Hoy como nunca sentí esa hueá que, a pesar de todo, no se compra con mastercard: la amistad. Fué extraño porque en el momento que necesitaba estuvieron ahí. Nunca había sentido eso.

Me llamo mi polola llorando y fuí a su casa.

Y quedamos pseudo-bien. No quiero perder la confianza entre las personas. Pienso que cada vez que uno temirna algo, queda con una experiencia, ya sea buena o mala para el futuro. Por ejemplo si la Caro me hubiera cagado con algún hueón, con la Gely hubiera estado mucho más paco.

No te quiero ver llorar, pero las acciones valen más que mil palabras.